SIEMPRE SEREMOS BUSCADORES

buscadoresHace varios años,  una tarde que caminaba por la emblemática carrera séptima de mi ciudad natal, Bogotá (Colombia) me llamó la atención la  improvisada oferta bibliográfica de un vendedor informal. En especial escogí un pequeño libro, cuya edición había prometido su autor en un programa de TV. Era un pequeño ejemplar, de esos que casi nadie lee por tratarse de temas desconocidos. En este caso, el origen de la historia tuvo lugar en un pequeño pueblo, cuyo protagonista dice haber experimentado un contacto con habitantes de otros mundos. Así pues, por mera curiosidad adquirí el pequeño volumen y lo leí  en casa de una sola pasada.

Ciertamente no se trataba de ninguna joya literaria ni mucho menos y – suelo recordarlo-  hay temas, que por ser tan difíciles de comprobar se prestan para muchas especulaciones e  interpretaciones diversas. Sin embargo, lo que definitivamente justificó la compra fue ese pequeño párrafo en el que nuestro ‘contactado’ de marras conversaba animadamente con un amigo, al calor de unas cervezas, luego de una semana de duro trabajo como labriego, poco antes de vivir semejante experiencia.

Su interlocutor, aunque también de origen humilde y acaso con poca instrucción, le soltó esta perla, que más parece inspirada en la mente de un filósofo prominente:

“La vida es sólo ir de aquí para allá buscando algo que no se conoce. Uno comienza a buscar desde que nace. Busca la teta de la madre como los terneros, luego busca la comida, la plata, una casa donde vivir y lo que tienen las mujeres debajo de las enaguas. El hombre es un buscador hasta que se muere.”

En efecto, siempre vivimos buscando algo y esa será nuestra condición hasta el mismo instante en que nos despidamos de este mundo, cuando seguramente, llegados a esa instancia, ya queramos descansar y ojalá en paz.

Yendo más atrás, el hombre abandonó las cavernas, en donde se refugiaba del inclemente frío de la más reciente glaciación, (hace tan solo diez mil años) para asentarse luego en regiones fértiles y a campo abierto para establecer los primeros grupos sociales que poco a poco dieron origen a las civilizaciones modernas con todo su esplendor y complejidad. Por aquel entonces, la búsqueda se limitaba a encontrar de comer y construir un hogar para refugiarse de las amenazas de la naturaleza.

Así, generación tras generación la especie ha evolucionado en su incesante búsqueda del progreso, persiguiendo tal vez la felicidad tan anhelada. Posiblemente tratando de ser mejor que sus ancestros.Una búsqueda conduce a otra, y esta a otra y así sucesivamente.

Mientras tanto, nos queda continuar nuestro propio camino, siendo buscadores de lo que deseamos, luchando diariamente por ello, siempre que no se atraviese una nueva búsqueda y nos obligue a modificar la ruta.

Sin duda, es mejor buscar lo que se quiere y actuar en consecuencia hasta lograr los resultados esperados para evitar que otros decidan por nosotros, sin olvidar que la cosecha será directamente proporcional a la siembra y cuidado que hayamos puesto a nuestros ideales.

Sería maravilloso para todos, disfrutar del poder sobre sí mismos, haciendo lo que nos gusta, provocando satisfacción personal a tiempo que se ayuda a los demás.

Entre tanto sigo buscando aquel librito, que pareciera esconderse a propósito en mi biblioteca para impedir la transcripción exacta de la cita mencionada arriba… 

Comentarios
    • Sixto Gómez

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